lunes, 19 de abril de 2010

ESCLAVOS DE LA EUCARISTIA Y DE MARIA VIRGEN





"Así como Jesucristo está vivo en el Cielo rogando siempre por nosotros, así también en el Santísimo Sacramento del Altar, continuamente de día y de noche, está haciendo este piadoso oficio de Abogado nuestro, ofreciéndose al Eterno Padre como Víctima, para alcanzarnos innumerables gracias y misericordias". (San Alfonso María de Ligorio)

"Un Esclavo de la Eucaristía y de María Virgen es un hombre que se cansa sin cansarse, que no huye de la angustia, que cae rendido en el surco; que comparte su vida, su ilusión, su entrega; que sube con alegría al Gólgota; que muere rendido de amor plenificado en los ideales más altos de Victimarse con Jesús Eucaristía, desde el Corazón de María Virgen, por la Salvación de todos los hombres. Deben considerarse como peregrinos de Dios sobre la tierra que van buscando su amor y mirando la tierra como quien va de paso; viven solamente del ansia ardiente de Dios, teniendo en la Cruz de su Señor y en su Eucaristía, junto a su Madre, en el pequeño Santuario, el tesoro más preciado de sus vidas. Un Esclavo de la Eucaristía y de Maria Virgen es el hombre que en su ser transparenta la gran noticia de Dios y sabe decirle a los hombres "a qué sabe Dios". (P. Anibal Reyes)




"Dos enamorados nunca se cansan de decirse que se aman y se aman y se aman, mil veces al día. Y yo te lo digo, no me canso de decírtelo: te amo con el alma, con la vida, con el corazón; simplemente por esto: porque eres mi Madre... en tus manos, en tu corazón, quiero depositar mis manos, mi corazón y mi vida. Méceme, duérmeme en tu regazo y hazme despertar en el Cielo...". (P. Aníbal)


Los Esclavos de la Eucaristía y de María Virgen, fueron fundados por el R.P. Aníbal José Reyes Belén el 15 de agosto de 1981, en Puerto Rico. Se trata de una comunidad religiosa de vida contemplativa centrada en la adoración, la alabanza y la reparación, de día y de noche, a Jesucristo, Víctima en el Santísimo Sacramento del Altar. Mediante una alianza de amor como esclavos, se consagran al culto y la imitación de la Santísima Virgen María en su advocación de Schöenstatt.




A través de estos dos principios, eucarístico y mariano, quieren servir a la Iglesia en su misión apostólica orante, testificando existencialmente que la vida contemplativa es anuncio y pregustación de la vida eterna. Su principal apostolado es dar testimonio de vida consagrada y entrega incondicional a Jesús, centrado principalmente en la adoración eucarística y la alabanza a la Santísima Trinidad, mediante el rezo diario en coro de la Liturgia de las horas (canto gregoriano). También colaboran en tareas pastorales que respeten el espíritu contemplativo como el apostolado litúrgico, la hospitalidad en retiros y jornadas de oración, la investigación y estudios de vida espiritual, la confesión y dirección espiritual, predicación de ejercicios y jornadas espirituales para religiosos, religiosas y sacerdotes, impartir clases en Seminarios y Centros Teológicos, capellanías de monjas, etc. Un factor importante en sus vida de comunidad es la recreación comunitaria con entretenimientos dignos de la vida consagrada, como salidas al encuentro con la naturaleza

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